Diavlo, frescura flamígera

No me atrevería a calificar exactamente de “emergentes” a Diavlo (juega este combo con las consonantes “b” y “v”) pero sí podemos hablar de una muy vigorosa, bailable y fresca propuesta de rock-funk, encabezada ésta desde Mayo de este 2018, por el ex-batería de los grupos Dover y Que No Cunda el Pánico, es decir, Jesús Antúnez. Como co-líderes del proyecto se encuentran, igualmente, Eduardo de la Mata, el cual toma las riendas de la guitarra y de la voz (mayormente en “falsete” ésta), más el bajista Mario Llorente que se incorporó algo después.

¿Las influencias que les han ido vinculando?: innumerables, así que las citaré de pasada. Red Hot Chili Peppers, Lenny Kravitz, Queens of the Stone Age, Kyuss, Arctic Monkeys, además de clásicas referencias de los años 60 y 70 como ZZ Top, Jimi Hendrix, Queen, los Fleetwood Mac de Peter Green y muchos más de esas sacras décadas que se deseen anexar, ya que este terceto relativamente revivalista que nos ocupa hoy, sorbe de muchísimos insignes ríos, por fortuna.

Tras las optimistas expectativas de prensa y público, los “luciferinos” muchachos han acudido ya a tocar por ejemplo, a esa necesaria y reivindicable propuesta televisiva que es La Hora Musa o también han pasado por Radio-3. Dentro de su gira española, tienen ya fechas programadas, para Febrero de 2019, como Santander, Bilbao, Valencia o Madrid, entre otras capitales.

La primera canción, denominada precisamente “Diablo” y la posterior jugada “Paraíso” (editadas con AAA Records), despuntan ambas como flamígeros portones de entrada y como un muy serio aviso de que muchos más ritmos sabrosamente endiablados, artísticamente, se cuecen en el horno construido por los experimentados Antúnez, De la Mata y Llorente.

Sus dos babilónicos y espléndidos video-singles de rojiza y levemente pérfida estética, contaron con el apoyo del bajista Rubén Giménez (responsable de la técnica de animación en el primer single, además antiguo componente del grupo Dinero) y con, nada menos, que gente de Sexy Zebras, en la dirección en el segundo clip.

Consecuentemente, sus narraciones nos transportan a conceptos sobre calvarios interiores, prohibiciones y tentaciones, potenciado todo ello intencionadamante, por la misma formación triangular en dirección hacia los mencionados terrenos audiovisuales. Además, la letra “V” de su nombre simboliza, según Jesús Antúnez, una letra cuyas puntas pueden alargarse hasta el infinito y como guinda, el logo de Diavlo está diseñado por el propio baterista.

El tercer coletazo cualitativo, llamado “Mala hierba”, también ha sonado en las actuaciones a cargo de un resolutivo “power trío” , el cual se halla caminando despacio y yendo canción a canción, dentro de sus pretensiones sónicas.

En definitiva, que un esperanzador e inminente LP completo asoma en el horizonte del averno rockero, repleto éste último de juerguistas esqueletos que se mueven, sin lograr evitarlo, bailando al son de Diavlo. Ellos atesoran el suficiente potencial como para conquistar el cielo, el propio infierno y a varios tipos de públicos.

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