Hace pocos días, mi compañero Juanjo Frontera contaba con profusión lo que significaba ver a Edwyn Collins despedirse de los escenarios tras más de cuatro décadas sobre ellos. Unos conciertos que han servido como fotografía con la que rendir cuentas a una carrera inmaculada que desde que en 1980 nos regalara ese «Falling and Laughing» firmado por Orange Juice, ha llegado hasta aquí sin ningún «pero» que ponerle.
Por ello entendemos que esa «Falling and Laughing» sirviera como puerta de entrada a un concierto, que aunque breve, dibujó un círculo perfecto por una trayectoria que influyó en el C86, el indiepop ochentero, el britpop y gran parte de la música británica moderna. Algo más de una hora para resumir toda una vida entregada a la música, pero también una lección de superación. Cómo un artista que estuvo a punto de fallecer en 2005 por una doble hemorragia cerebral, no solo ha logrado volver al estudio y a los escenarios, sino a recuperar esa conexión tan especial con su público.

Pasó de puntillas por el reciente Nation Shall Speak Unto Nation, del que solo sonó «Knowledge», algo entendible. Tocaba hacer un recorrido que bebió especialmente de dos obras fundamentales: el luminoso debut de Orange Juice, You Can’t Hide Your Love Forever, y esa cima llamada Gorgeous George.
Las secuelas físicas de la enfermedad siguen siendo visibles, pero su voz mantiene esa fuerza y esa personal manera de combinar lo más melódico con lo bello o lo irónico apoyada por las guitarras de Andy Hacket y Patrick Ralla, el bajo de Carwyn Ellis, el teclista y saxo Sean Read y la batería de Jake Hutton.

Dibujó una sonrisa en nuestras caras recuperando «Make Me Feel Again» o esa creciente «The Campaign for Real Rock»; nos obsequió un bonito dúo con su hijo William en «In Your Eyes»; volvió a electrificarnos con «Rip It Up», «Don’t Shilly Shally» y la irresistible «A Girl Like You» y nos puso la piel de gallina en esas dos joyas llamadas «Low Expectations» y «Home Again».

«Felicity» y «Blue Boy» cerraron ese círculo y una noche en la que las grandes canciones y ese sentimiento de ternura quedaron a un lado cuando Collins, que repitió Thank you hasta la extenuación, se levantó lentamente de su asiento y alzó el bastón entre aplausos, señalándonos y diciéndonos adiós con una sonrisa y una honestidad que nos hicieron olvidarnos incluso de contener las lágrimas.
Fotos Edwyn Collins: Fernando del Río


















