Nevver – Disforia (Elefant)

Dice el catedrático en comunicación Gérard Imbert que en estos tiempos en los que la representación sígnica cada vez es más imaginaria y fantasmagórica debido a la cultura de la imagen simulada, no hay tiempo para la introspección, porque lo que impera es la incesante mutación de todo, incluyendo a las tecnologías, saberes, y el estar. Somos, en definitiva sombras de nosotros mismos, estamos expuestos a la hipervisibilización de los cuerpos como materia de mercado al igual que los sentimientos, que nos permitían un sostén, un anclaje con la realidad.

Esa sensación de desazón, de estar perdido en un gran espacio público lleno de signos atrayentes, de luces de neón que actúan como rayos x que despojan a nuestros cuerpos de los ropajes superfluos de nuestra propia muerte, y que fagocita, en última instancia, cualquier atisbo de alteridad, porque todo tiene que estar domesticado. Cuerpos abatidos,  dóciles que bailan en discotecas de extrarradio (“Botellas de tres euros vemos luego/son las tres de la mañana y aún te tengo”); cuerpos que pierden el control de ellos mismos a través de la transmutación del “yo” en el “mito” que consiguió huir como ellos esperan hacer (“Quiero envenenarme de ti/sentirme como Morrissey”); huir, siempre huir, siempre permanecer en un estado de transitoriedad (“Necesito sentir/necesito de ti/necesito salir/sigo encerrado en Madrid”).

En esta bella e informe sensación de encrucijada y vacío se encuentran los personajes del debut de Nevver, grupo de Getafe compuesto por Javier Aparicio (voz), Borja Aranda (teclados y guitarras) y Raúl Serrano (bajo). Su primer disco, “Disforia” (Elefant, 2019) es una adictiva muestra de pop nocturno preñado de nostalgia (“3 AM”; Migala titularon su debut “Diciembre 3AM”), guiños a Joy Division y Décima Víctima a ritmo de trap (“Varsovia”), ciertos ecos a dream pop (“Redención”), shoegaze sintético con mucho flow (“Malos Hábitos), una bonita guitarra repitiendo acordes, y una base trip hop tejen hermosas cenefas de desconsuelo (“Duelo”), suave introspección que me recuerda a Hood y a Piano Magic (“Control”), “Pulsión”). Un juego de espejos deformados. Un notable disco de debut para escuchar bien alto con auriculares mientras vuelves a casa del after.

Escucha Disforia, el debut de Nevver.

 

 

 

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