Tejido de Felicidad (1999) de Chucho ha vuelto a las tiendas de discos con motivo del Record Store Day en una edición especial vinilo, un formato en el que no había sido antes publicado y que sirve de reivindicación a una obra con un peso importante.
La felicidad y el amor desbocado que se celebra en los primeros temas no deja de sorprender, teniendo en cuenta el fondo existencial y retorcido que traía 78 (1997), su primer largo. Tras el final de una quimera como la de Surfin’ Bichos, Fernando Alfaro sorprendía en una encarnación luminosa con algunas de las composiciones que más han trascendido el paso de los años.
En su haber, el arranque incendiario de «Cirujano patafísico»; el latigazo de «Hamorambre»; el brillo oscuro de «Magic»; la majestuosidad de «El Mundo en un segundo» (que trae de vuelta -una vez más- al Arcángel exterminador); el amor explotando en «Revolución» y dañando en «Mare Nostum»; los desencajes de «Erección del alma» y «Alicia rompecuellos»; la épica compartida de «Aguacero al infinito» y «Mi vida con fiebre»; el recuerdo doloroso de «Una f-foto tuya»; la esperanza de «Una nueva emoción» y el ladrido final de «Perruzo».
Para rememorar esta etapa qué mejor que asomarnos a las páginas de La Luz en sus Entradas (2020, Manuel Pinazo / Chema Domínguez) donde Fernando se abría para recordar ese tiempo de dicha: «Vitalmente estaba pletórico. El disco lo grabamos durante el invierno del 98-99 en los estudios Katarain, en la sierra de Aralar, un estudio que estaba genial, que además era donde solía trabajar Kaki Arkarazo, al que habíamos elegido como productor. (…) Era todo como “concepto abierto”. El control estaba como abierto a la sala, separado solo por cristaleras muy grandes que se abrían. Era de doble piso, un sitio súper bonito, como con una pasarela alrededor de la sala grande, donde también se tocaba y se grababa mientras, por ejemplo, estaba Javi con la batería tocando abajo, como si fuera un patio andaluz. Muy chulo, y sonaba muy bien. Y todas esas cosas influyen en los discos. Luego además, estaba en un sitio increíble. Un caserío en medio de la sierra en Navarra pero ya pegando a Guipúzcoa, la ciudad más cercana era Tolosa. Y de alta montaña, picos con nieve.
Me acuerdo que estábamos grabando todos, antes de navidades, y estaba de auxiliar en el estudio el hermano de Ruper Ordorika, que se llama Jonan, y se hizo colega nuestro. Y nosotros cada día íbamos a comer a un pueblo que se llama Betelu y tenían la lotería nacional en el restaurante, y siempre decíamos «Tienen lotería, tenemos que comprar». Y el día que ya por fin nos decidimos a comprarla, resulta que se les ha acabado. A los dos días nos llama el Jonan y dice «¡Eh chavales que nos ha tocado!» Tocó el puto Gordo de Navidad. El primer premio.
Nosotros hacíamos parón para pasar las fiestas con nuestras familias. Y al tocar allí el Gordo pues fueron las cámaras de TVE y todo eso, lo de siempre. Como íbamos a casa, queríamos llevarnos productos de la tierra. Básicamente pacharán casero. Lo vendían en el restaurante que decía, donde vendieron el Gordo. Tengo grabada en la mente la imagen de Javi saliendo con varias botellas de pacharán, agarrándolas como podía, y que le entró un equipo de televisión entonces: «A ti también te ha tocado, ¿verdad? ¿cuánto, cuánto te ha tocado?» Ahí grabándolo con la cámara, su cara de poema. Comedias tristes de estas conocemos muchas. O dramas graciosos».
Es posible que mucha gente desconozca que el disco tiene dos canciones que usan música de Alejandro Amenábar y Mariano Martín. En Abre Los Ojos se había incluido «El Detonador EMX-3» de 78 y a raíz de ello: «Nos propusieron al grupo hacer algo, algún tipo de colaboración utilizando la banda sonora compuesta por ellos, por Alejandro y por Mariano Marín, que básicamente le armonizaba todo y lo escribía para la orquesta. Estuve un tiempo con ello y me empapé de esas canciones.
Recuerdo que tenía uno de los primeros programas de edición, se llamaba Soundforge. Era muy bueno, bastante preciso, podías acelerar sin mover el tono, y viceversa, y entonces haciendo esto hice una especie de collage.
Mi idea era muy ambiciosa, tener ocho o diez canciones basadas en esas piezas y además tocadas luego encima, con una banda de rock tocando a la vez que la banda sonora orquestal, bueno, del collage que yo había montado con ella. Hice varias y de ellas solo salieron dos adelante. El proyecto de hacer un disco con eso se vino abajo y preferí centrarme en las dos que tenía acabadas, «Aguacero al infinito” y “Mi vida con fiebre”.
En ambas está todo el rato sonando la banda sonora de la película, alterada, o con nueva estructura. Para ello hice, con esas orquestaciones, nuevas estructuras a modo de sampleados, en muchos momentos cambiando el tono o incluso el tempo.
Otro de sus hitos sin duda fue «Magic», la canción más icónica de la formación, un himno vitalista que sin embargo fue concebido en un momento doloroso. Como contaría Fernando en su reedición de 1999: «Es curioso: esta canción, que ha trascendido como una de las más festivas y optimistas de Chucho (incluso de todo mi repertorio), es sin embargo fruto de la mayor tristeza: la compuse para animar a un amigo que agonizaba en el hospital.
El hiperbólico optimismo de la letra es, quizá, en realidad una especie de quejido desgarrado. Por él y por todos nosotros. Y otra curiosidad: en un primer momento se llamaba Magic Johnson, en referencia a su entonces recién descubierta enfermedad, que es la misma que tenía mi amigo».
Tejido de Felicidad vino acompañado del EP Triple Zero con versiones diferentes de «Cirujano patafísico», «Hamorambre» y «Perruno», ademas de una remezcla de «Una F-foto tuya» a cargo de Astrud. También hubieron unos conciertos «Triple Zero»: «Lo de los conciertos era: elegir un repertorio nuestro adecuado, como electro-pop, y hacer un set con bajo, dos guitarras acústicas, dos teclados, que tocaban Javi y Emilio Abengoza, que había entrado en el grupo a mitad de esa gira de 1999… y las bases eran todo loops y programaciones.
Luego había otro concierto con la parte más punk de nuestras canciones, pero tocábamos también “Ace Of Spades” de Motörhead, “Rawhide” de la serie “Látigo” pero vía Dead Kennedys… Juan Carlos cantaba y tocaba también la guitarra en algunas, los demás nos cambiábamos instrumentos… Y al final, otro día, hacíamos el concierto digamos “normal”, con nuestro repertorio y ahí a tope. Tocábamos los tres conciertos, en cada ciudad, en días sucesivos.



















