En este mismo día se solapaban en diferentes dos conciertos que despertaron mucha expectación entre el público. Por un lado, Fangoria presentó su nuevo disco ante una sala con todas las entradas agotadas, y por otro Rodrigo Cuevas, en un escenario mucho gran grande -su anterior gira pasó por el Razzmatazz-, un Sant Jordi Club que no colgó en sold out, aunque poco le faltó. Esta coincidencia no es baladí, ya que tanto Alaska y Nacho Canut como el artista asturiano tienen un fandom que, en parte, se identifica con su propuesta artística, y más de uno tuvo que, por desgracia, elegir una de las dos opciones.
El caso del autor de Manual De Belleza es el claro exponente de un artista que cada vez suscita mayor interés, de ahí que los aforos cada vez sean más grandes, y los detalles escenográficos sean mejores. Para la ocasión, en este tour llamado La Belleza, y que estaba incluido en el conjunto de concierto englobados en el Guitar BCN de este año, el escenario estaba engañado con unas cortinas hechas a base de panoyes (mazorcas de maíz), un biombo, mucha pluma cabaretera, así como una iluminación que quería rendir tributo al cabaret ya las fiestas populares, sin dejar de lado la reivindicación queer.
Con un traje de color blanco saltó al escenario un Cuevas muy seguro de su capacidad performativa: su comicidad con el público es algo que cada vez es más constatable, así como la capacidad que tiene su hibrido estilístico de reunir en una misma sala a personas de rango de edad muy variada y de estéticas muy contrapuestas.
Una reivindicación de la fiesta popular que arrancó con canciones nuevas como “Un Mundo Feliz”, “BLZ” -ésta última con una gran aportación de los bailarines en la coreografía y en los coros-, o “La Playa” y sus puyas a la gentrificación.Su perfil de entertainment tuvo su punto álgido cuando estuvo dialogando con los miembros de su banda sobre cómo les iba en el tema amomroso, en un diálogo que hizo estallar en carcajadas a la audiencia, y acto seguido arrimarse al son cubano para abordar la excelente “Xardineru”, otra de las canciones incluida en un último larga duración.
Mientras en las pantallas laterales proyectaban falsos anuncios de belleza en donde nuestro artista vendía perfumes o sales de baño en una estética, digamos, vintage, hubo también paradas para su cancionero más antiguo: del álbum Manual de Cortejo sonaron una emotiva toma de “El Día Que Nací Yo”, “Xiringüelu”, “Muiñeira Para A Filla Da Bruxa” y “Rambalín”, un sentido homenaje en forma de balada a Alberto Alonso Blanco, un transformista de Cimavilla (Xixón), muy querido en el pueblo, y que fue asesinado en 1976 en un crimen sigue sin esclarecerse. Por su parte, de Manual de Romería, el público coreó y bailó con ese indiscutible hit que es “Más Animal”, la sinuosa “Allá Arribita”, o la muñeira a ritmo de trap de “Cómo Ye?!” entre otras.
En resumen, una reivindicación del folclore popular pasados por el tamiz de los ritmos más actuales en manos de un artista que es una bestia en el escenario.
Foto Rodrigo Cuevas: Palau Sant Jordi





















