Morrissey

Morrissey (Cartuja Center) Sevilla

Hay algo paradójico en que Morrissey eligiera Sevilla para una de las tres paradas de esta gira, propiciada por Primavera Tours y Mensajeros del Jazz. Sevilla, ciudad más taurina del mundo, donde el violento imaginario de “la fiesta” funciona como algo más que un decorado. Sevilla, postal de tradición, de solemnidad española y de carruajes de caballos maltratados, al borde de la muerte, en beneficio de sus explotadores y turistas bobos dispuestos a todo por una ridícula foto.

La ciudad no parece, a priori, el lugar natural para un artista que ha construido una parte importante de su personaje sobre el desprecio militante por ciertas liturgias nacionales y una defensa animalista convertida casi en una trinchera personal. Pero es que Morrissey es, ya de por sí, una paradoja andante, capaz de incomodar a todo el mundo, incluida su parroquia, y aun así seguir despertando una lealtad religiosa, ya que hablamos de Sevilla.

Que además lo hiciera en el Cartuja Center (como sala de conciertos y organización es un diez absoluto), en la Isla de la Cartuja, rodeado de restos semiabandonados de la Expo 92, añadía una carga simbólica difícil de ignorar. Allí, entre estructuras envejecidas de aquella utopía de modernidad, que un día quiso representar un futuro y hoy parece el esqueleto de una civilización, había algo que nos remitía al mancuniano. No como a una reliquia, que sería una lectura fácil, más bien como una figura que se niega a morir o a vivir de la nostalgia, aunque sea a costa de ponerse en evidencia o de publicar canciones ramplonas. Morrissey sigue ahí, incómodo, altivo, errático, resistiéndose a caer, justo como esas construcciones que rodean el recinto de Cartuja Center.

Llegaba a Sevilla con la habitual nube tóxica de su leyenda negra planeando sobre su presencia. Unos días antes había cancelado su concierto en Valencia, alegando no haber podido dormir por el ruido de las Fallas. Una excusa tan endeble como “morrisseyana”, a medio camino entre la autoparodia (ya no sabemos si involuntaria), el agravio personal y la total falta de respeto para con sus fans.

A estas alturas, cada concierto de Morrissey que se celebra sin sobresaltos se vive casi como una victoria. Nadie compra ya una entrada suya sin contemplar seriamente la posibilidad de la espantada. No parecía casual, en ese sentido, que apenas dos horas antes del inicio todavía quedaran más de 70 entradas disponibles en una conocida aplicación de reventa, algunas incluso por debajo de su precio original. Costaba no pensar en algunos que, escarmentados tras lo de Valencia, prefirieron no jugarse el viaje a Sevilla.

La mitomanía de Morrissey

Esa amalgama de imágenes que han convertido sus obsesiones en la entradilla de todos sus conciertos nos hacía ya confiar en que Morrissey y los suyos iban a salir. Ramones, The Cramps, New York Dolls, David Bowie, Sham 69, The Stooges, Alain Delon y todo el imaginario posible, al servicio de Moz, iban calentando el ambiente, ya de por sí expectante.

Y entonces salió al escenario, rodeado de su banda, y comenzó a cantar y, como tantas otras veces, ocurrió lo más irritante para sus detractores (o para los que esperaban un titular a la altura de lo de Valencia): que sigue siendo bueno, muy bueno de verdad. Más allá del personaje, más allá del columnismo tóxico permanente en el que está instalado fuera de los escenarios, Morrissey conserva intacta su arma principal sobre la que sostiene su mito. La voz sigue ahí, incólume, como si no hubiera pasado el tiempo, esa forma de entonar, la autoridad escénica, la mezcla de vulnerabilidad y soberbia de teenager; todo ello hace que sobre las tablas sea todavía magnético. Todo tan intacto como su insolencia.

Con una voz totalmente impostada, gritó hasta tres veces: “¡Lo siento!”, antes de hacer un arranque con “Billy Budd” que fue como una entrada sin pedir permiso, punk, marcando su territorio con una bofetada en toda la jeta. Después, sin paradas, sin saludos, “I Just Want to See the Boy Happy” y una de las mejores que nunca ha escrito y perteneciente a tiempos que, probablemente, no volverán. Hablamos, claro, de “Suedehead”.

La recuperación temprana de “First of the Gang to Die” elevó todavía más la temperatura, con ese nervio clásico de solista que funciona en directo y, ya de paso, permitió comprobar, justo al lado de la que da título al último trabajo que ha perpetrado, “Make-Up Is a Lie”, que el público sevillano estaba mucho más entregado a su cancionero clásico y menos receptivo al nuevo.

Quedaron muchas cosas claras en la Cartuja: una de ellas es que el gran acierto de Morrissey no está en su presente discográfico, pero sí en la inteligencia con la que lo integra en el set. Si la mencionada canción es una pieza menor, en directo gana empaque gracias al contexto y, sobre todo, al excelente trabajo de la banda. Aquí convendría detenerse, porque la formación merece un elogio sin reservas, al menos en directo. En el tema compositivo, no son pocas las voces que dicen que todo se fue al garete desde que se fue Boz Boorer, y no seré yo quien argumente en contra de esto.

El odiado/amado a partes iguales por los fans de base, Jesse Tobias, ya veterano a su lado, sigue funcionando como ese escudero ideal que entiende cuándo hay que endurecer el sonido y cuándo basta con sostenerlo con elegancia. Matt Walker (con una camiseta de Parálisis Permanente, por cierto) aporta al conjunto una pegada firme, sin sobreactuar, mientras que Juan Galeano sujeta el esqueleto rítmico con un bajo sólido y siempre bien colocado. Y luego están Camila Grey y Carmen Vandenberg, cuyas incorporaciones han abierto una nueva imagen en el escenario de Morrissey: una presencia femenina visible, que no solo refresca la estampa, también amplía el sonido y le da otro aire a una maquinaria que durante años había parecido demasiado encerrada en sí misma.

A partir de ahí, el concierto fue creciendo hasta situarse claramente del lado de lo sobresaliente. “A Rush and a Push and the Land Is Ours” introdujo la tercera gran sacudida emocional de la noche. “Irish Blood, English Heart” mantuvo la tensión con su habitual mezcla de orgullo y resentimiento y “Now My Heart Is Full” sonó con una mezcla de pompa y herida que resume muy bien la singularidad del personaje: nadie ha sabido vestir la autocompasión y la aceptación de uno mismo con tanta dignidad chulesca.

Luego llegó “How Soon Is Now?” y ahí el concierto entró en otra dimensión, con un himno atemporal que no admite desgaste alguno. Y es que la maldita canción sigue sonando como una anomalía, como una pieza que no pertenece ni al tiempo de The Smiths ni al suyo y que te sigue hipnotizando, más en las manos de un encantador de serpientes como él.

“Let Me Kiss You” fue recibida con el entusiasmo lógico de una canción de tal envergadura; además, fue la primera vez que sonaba en esta gira. Quizás fue el primer momento cálido de la noche, en el que Morrissey lució su elegancia pop y emoción sin necesidad de subrayarse, dejando mucho protagonismo a la guitarra de Carmen.

En Sevilla, además, “The Bullfighter Dies” y las sangrientas proyecciones en pantalla tenían un peso específico especial. Interpretarla allí, en esa ciudad concreta, con todo lo que arrastra simbólicamente, era ya una provocación programada y funcionó. Hubo algún chiste y gritos entre el público, como ese que dijo a sus colegas: “Se está riendo de vosotros en vuestra puta cara”.

El esqueleto central dejó algún altibajo: “The Monsters of Pig Alley”, uno de los temas más convincentes de su último disco, no acabó de convencer en directo, mientras que “Half a Person” tuvo el peso sentimental de las canciones en apariencia pequeñas del cancionero de The Smiths, pero que dicen más que muchas proclamas ampulosas; “I Know It’s Over” fue sencillamente devastadora, de colocar más lágrimas en los ojos del respetable que ninguna otra canción lo hará en la vida.

Y, como siempre en su liturgia, también hubo espacio para el fetichismo, para esa manera suya de convertir sus camisas sudadas en reliquias. Se rasgó la camisa en dos ocasiones: la primera, poco antes del ecuador del concierto, como diciendo que aquello estaba en plena combustión y nadie iba a pararlo; la segunda, al final, para decirnos que todo eso había acabado. Tiene algo de rito decadente, de comunión pagana entre el efectismo y el ridículo, las cosas como son, Moz.

Aunque el tramo final no estuvo administrado con la misma inteligencia que el resto del concierto, “Notre-Dame” gana bastante en directo, incluso pese a una letra y una intención que conviene no examinar demasiado de cerca. Por suerte, después llegó “Alma Matters”, y uno vuelve a perdonarle todos sus puntos oscuros, incluso que siga empeñado en ser tan gilipollas.

Y, si hablamos de intensidad y oscuridad, “Jack the Ripper” convirtió la Cartuja en el mismísimo infierno, con todo el escenario en rojo, repleto de humo, con la teatralidad que tan bien le sienta a Morrissey y con la banda ejecutando un ruido de mil demonios. Chico, eso parecía un concierto de Mayhem. De repente, un solo de piano de Camila Grey sirvió para dos cosas: como momento de asueto para el resto de la banda y el propio Morrissey y para dejar en evidencia a una parte importante del público sevillano, que prefirió rendirse a su conversación que a la música. “Everyday Is Like Sunday”, que fue celebrada como lo que es, uno de esos himnos que sobreviven a cualquier crítica, biográfica o moral. Sal Mineo, desde donde quiera que esté, también celebra esto.

Después, “I Will See You in Far-Off Places” preparó el cierre con una solemnidad extraña, crepuscular, pero con una voz otra vez en estado de gracia, llegando a notas impensables para su edad y sin desgaste alguno tras ochenta minutos de concierto, antes de que el inevitable bis con “There Is a Light That Never Goes Out” convirtiera el final en la ceremonia colectiva que se suponía que tiene que ser. Luciendo esta vez (también) la camiseta hecha ad hoc para esta visita española, en la que se leía: Esteban Patricio Morrissey/Seville. La de Valencia, si es que existe, debería ser una piece collector de al menos tres cifras.

Al terminar, quedaba la sensación de haber asistido a una de esas noches en las que Morrissey vuelve a imponer la evidencia más incómoda: que, por exasperante que resulte el personaje, por más que sospechosos sean sus coqueteos con ciertos tics de la derecha más extrema y por flojo (siendo generoso) que haya sido su último disco, sobre el escenario conserva algo que muchos perdieron hace décadas. Sevilla lo recibió entre símbolos que, en teoría, deberían repelerle, y él devolvió un concierto mágico en un recinto lleno hasta los topes, con un sonido apabullante y rodeado por las ruinas de otra época que se soñó eterna. La imagen era perfecta: un superviviente cantando entre restos del pasado, negándose a ser solo eso, pasado.

Fotos Morrissey: Fernando del Río.

Morrissey
12 de marzo de 2026
Morrissey cancela su concierto de Valencia
Morrissey
6 de marzo de 2026
Morrissey - Make-Up Is a Lie (Sire Records)
Morrissey
2 de marzo de 2026
Nuevo avance para Morrissey, 'Amazona'
Morrissey
6 de febrero de 2026
Morrissey comparte nuevo single, 'Notre-Dame'
Morrissey
9 de enero de 2026
Morrissey estrena single y pone fecha a su nuevo disco
morrissey
5 de enero de 2026
Y Morrissey arrancó 2026... cancelando conciertos
Morrissey
26 de diciembre de 2025
Morrissey desvela los detalles de su nuevo disco: You're Right, It's Time
morrissey
22 de diciembre de 2025
Morrissey firma con SIRE, ¿qué discos hay en camino?
la playlist emergente de la semana
18 de marzo de 2026
La PlayList Emergente de la Semana
Death Cab For Cutie
18 de marzo de 2026
Death Cab for Cutie anuncian disco y lanzan 'Riptides'
Rock Villa de Madrid
18 de marzo de 2026
Abierto el plazo para participar en la XLVI de los Premios Rock Villa de Madrid
Desde Asia con Amor y Pop
18 de marzo de 2026
Desde Asia con Amor y Pop: especial Shiny Happy Record
Anna Calvi
18 de marzo de 2026
Anna Calvi lanza canción con Matt Berninger
Mujeres
18 de marzo de 2026
Mujeres anuncian una amplia gira de conciertos
Sigur Ros
17 de marzo de 2026
Sigur Rós actuará con orquestas locales en Barcelona y Bilbao
radiohead
17 de marzo de 2026
Radiohead volverá a la actividad en 2027
vetusta morla
17 de marzo de 2026
Vetusta Morla terminan su parón indefinido y avanzan gira para 2026
Por qué son tan bellos los caballos
17 de marzo de 2026
¿Por qué son tan bellos los caballos? de Julieta Correa (Ediciones Comisura)
beabadoobee
17 de marzo de 2026
beabadoobee invita a The Marías a su nuevo single
Tulsa
17 de marzo de 2026
Tulsa se hace con el premio Mujeres en Vivo 2026