Nick Hornby ha sido siempre un gran defensor de la cultura pop(ular). En sus obras no son pocas las veces en las que aborda lo popular para explorar emociones colectivas, ya sea a partir del fútbol (Fiebre en las gradas), la música y la melomanía (Alta Fidelidad), o el fenómeno fan (Juliet, desnuda). Todas ellas obras importantes en la trayectoria de un autor apasionado por las conductas humanas a las que sabe retratar, en la mayoría de las ocasiones, con tino y honestidad.
Hornby se hizo fan de Prince cursando sus estudios en la Universidad. Empezó a escuchar sus discos desde el comienzo de la carrera del de Minneapolis, y a mediados de los ochenta lo pudo ver en directo en el Wembley Arena. Aquel festín de color, sonidos chispeantes, y las sorprendentes coreografías se quedaron prendados en sus retinas. Por su parte, Dickens llegó a la vida del autor a través de esas lecturas obligatorias del colegio que no acabaría de entender el porqué de su valor literario hasta pasados los años, que es cuando empezaría a apreciar en su completa dimensión.
En una de esas asociaciones de ideas que, a priori, pudieran parecer extrañas de encajar, el autor inglés se puso a pensar -tras escuchar las canciones inéditas incluida en el boxset del Sign o’ the Times aparecido en 2020- que existían bastantes similitudes entre Prince y el genio literario de Charles Dickens, y ni corto ni perezoso expuso esos paralelismos en este notable Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular (Anagrama; traducción de Jesús Zulaika) que, originalmente se publicó en 2022.
El autor, en primer lugar, narra las infancias de los dos protagonistas, y no fueron especialmente buenas. En el caso de Prince -y como otras infancias de artistas negros como Louis Armstrong, James Brown o Jay Z por poner algú ejemplo que aparece en algú pasaje del libro- sufrió abusos psicologicos (los fisicos no estan del todo claroso registrados), así como la separación de los padres. El autor de Lovesexy se tuvo que ir a vivir con su tía, y según sus colaboradores, esto hizo que tuviera un carácter bastante huraño que se puede apreciar si uno ve alguna entrevista por youtube. En el caso de Dickens fue la pobreza extrema, debido a que su padre fue despedido de una oficina de correos, lo que marcaría a fuego su niñez y adolescencia, además de que su progenitor pasó por la cárcel de morosos, y todas esas vivencias quedan diseminadas en sus obras.
El extremo perfeccionismo de nuestros protagonistas también queda bien relatado en estas páginas. Ambos querían controlar todos los aspectos de sus obras: Prince desde el estudio de grabación y sus jaleos con su discográfica, y Dickens no parando de escribir sus narraciones por fascículos en los momentos que tenía libres. Esto incide en la necesidad de en escribir a todas horas -canciones o libros- para satisfacer estas mentes torrenciales: es bien sabido por todos que en los ochenta Prince encadenaba discos de forma frenética –Dirty Mind (1980), Controversy (1981), 1999 (1982)…-mientras que el genial escritor victoriano escribía más de un libro simultáneo, revisaba constantemente sus escritos, etc. Además ambos empezaron su carrera cuando eran muy jóvenes, y tuvieron que lidiar con numerosas pullas por parte de la crítica.
Esta presión continua afectó emocionalmente a los dos de diferentes maneras, aunque vivieran una vida intensa (tanto a nivel artístico como sentimental), y dejaron para la posteridad una obra que, efectivamente, los elevó a clásicos populares.
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