Hay algo profundamente extraño, y a la vez profundamente hermoso en lo que ocurre en los conciertos de Nacho Vegas. Podemos estar asistiendo a confesiones sobre el miedo, la pérdida o los demonios personales, y de pronto hay miles de voces coreando el tema a la vez. Un paradójico espacio donde la canción íntima se vuelve masiva sin dejar de ser íntima. Algo realmente atípico que no debería funcionar y que sin embargo funciona de manera demoledora.
La nueva gira, que llega junto a Vidas Semipreciosas (Oso Polita 2026), vuelve a fundir al artista que hace canción protesta con el activista que también hace canciones de amor. Un equilibrio entre lo afectivo y lo político, donde las fronteras desaparecen y se convierten en un todo; ese que engloba la canción de autor pasada por el filtro asturiano, el folk político latinoamericano y la militancia anticapitalista.
Que pasa por ahondar en lo más íntimo en las frágiles “Alivio”, “Los asombros”, “El don de la ternura” o “Ser árbol”, a llevarnos de vuelta a los infiernos de “Crujidos” o “Morir o matar“; de recuperar hitos ausentes en su anterior gira como esa declaración de intenciones que es “Nuevos planes, idénticas estrategias”, a propiciar un “Me cago en dios” colectivo en el divertido alegato “Deslenguarte“ con Joseba Irazoki haciendo las veces de Albert Plá.
Como decimos, Nacho Vegas ha alcanzado un estatus que le permite moverse entre el compromiso y la intimidad más turbia. Que lo mismo canta “Fíu” la pieza dedicada a su madre Cristina Vegas, que nos alerta que vivimos en “Tiempos de lobos”. Que versiona la brutal oda al desamor “Bravo” popularizada por Olga Guillot, muta en cantante melódico de los 70 en “Mi pequeña bestia”o se marca 10 minutos —algo durillos, dicho sea de paso— contándonos la vieja anécdota gijonesa de “A ver la ballena”. El repertorio de clásicos es tal, que mucho de lo esperado queda fuera, pero dos tótems como ”La gran broma final” y “La pena o la nada” continúan haciendo su trabajo de demolición.
Son veinticinco años construyendo algo que no tiene nombre exacto, pero que queremos seguir disfrutando mientras sigamos habitando este plano de la existencia.
Foto Nacho Vegas: Sara Irazábal (Last Tour)



















