Es evidente que con Songs of Experience, U2 han querido sonar actuales. Y lo han conseguido. Todo el disco suena a producción de hoy en día, moviéndose en la delgada línea que en ocasiones separa el pop del rock, pero son las letras de Bono lo que decantan el disco hacia el rock and roll, hacia el mensaje potente, alto y claro. U2 desean seguir siendo una banda de rock, una potencia musical a tener en cuenta y, sinceramente, con Songs of Experience han vuelto a dar en el clavo. Son un blanco sencillo, presa de sus propias contradicciones y también del peso que suponen tantos logros a lo largo de su historia. A veces, hasta sin quererlo, resulta complicado no ser consciente de que los hombres que han facturado este disco son también los que firmaron The Joshua Tree y Achtung baby. Pero debemos quitarnos de la cabeza todos esos méritos para disfrutar de lo que U2 ofrecen a día de hoy. Si una banda nueva y desconocida apareciera ahora con Songs of Experience bajo el brazo, serían la banda del año. ¿Por qué no ellos entonces? ¿Por qué no hacer el esfuerzo de borrar su pasado para, al menos, darle una escucha? Hagámoslo, merece la pena.
Songs of Innocence ya les colocó en buen lugar hace un par de años, se quitaron la losa de haber grabado discos muy mediocres en sus últimos diez años y se presentaron renovados ante el público. Para colmo, remataron con su mejor gira en mucho tiempo, llena de ideas atrevidas. Ahora Songs of Experience retoma su trabajo en estudio y lo hace de la mejor manera, con trece canciones bien facturadas, con seriedad, drama y humor -este último elemento no presente en Songs of innocence y que ahora ayuda a escribir una nueva trama musical-.
No se puede decir que hayan hecho mala criba, todas las canciones tienen su razón de ser, se articulan y narran. Incluso la vacilona “The showman (Little more better)” acaba enganchando, incluso demasiado. El álbum mira al futuro de frente y eso es admirable, sus arreglos y letras son valientes. “Love is all we have left” le da al autotune el que quizá sea su único buen uso, utilizado sobre el falseto de Bono, en una canción ambiental que como inició cinematográfico es perfecta. Otro detalle es como en “Lights of home” la guitarra de The Edge solo entra hacia la mitad, haciéndose tan prescindible como imprescindible, matando al ego y siendo empleada como recurso, sin obligatoriedad. Y el culmen es gozoso, con U2 recordando que antes de que los cantos comunales se pusieran de moda en el mundo indie, ellos ya habían firmado unos cuantos memorables. En ese aspecto, “Red flag day” es la única que puede remitir a la época de War, el único guiño al pasado lejano, y aun así inevitable. ¿Cómo obviar ese estribillo?
Muchas de las canciones de Songs of experience ya fueron adelantadas, pero en el contexto del disco funcionan aun mejor. “You’re the best thing about me”, “American soul” y “The blackout” poseen todavía más entidad junto a sus compañeras de álbum, sin perder su brillantez rockera de nueva era. Es fácil imaginarse a las tres levantando estadios, pero también es verdad que hay una intimidad sobrecogedora en su mensaje. Podríamos decir que este es un disco de vibración y belleza, una patada que te saca de la cama para admirar las luces del nuevo día. Incluso “13 (There is a light)”, es aun mejor que “Song for someone”, canción de “Songs of innocence” en la que se basa en gran parte, creando un epílogo meditabundo para un trabajo con tanta materia gris como corazón.


















