Hace poco leía una interesante entrevista en Louder Than Sound con Andrew Eldritch. En ella, el líder de The Sisters Of Mercy, no muy habituado a aparecer en los medios, confesaba a Mark Andrews -autor de la única biografía del grupo aún no editada en nuestro país- perlas como: «Vosotros seguid diciendo que yo inventé la música gótica y soy el señor de la oscuridad, que mientras lo hagáis habrá alguien que nos contratará por un dinero ridículo y eso ayudará a mantener mi piscina».
Puede llegar a sorprender cómo pueden seguir llenando recintos de medio aforo (2.500 personas) como La Riviera de Madrid o Razzmatazz de Barcelona, cuarenta años después de su debut y treinta sin lanzar nada. ¿Cosas de la nostalgia? ¿Banda de directo que vive de tocar una y otra vez sus viejas canciones? Pues sí, pero no. Porque curiosamente el repertorio de la gira con la que los de Leeds recorren el mundo para recordar sus cuatro decenios en activo, está compuesto a un 50% de canciones no incluidas en disco alguno.
Y es que el caso de The Sisters Of Mercy es uno de los más peculiares de la industria musical. Su último álbum, Vision Thing fue lanzado en 1990. En 1993 publicaron un recopilatorio con un tema inédito y desde entonces, nada. Nada en lo que a nuevos lanzamientos se refiere. Un problema con Warner por los derechos de su catálogo les hizo repudiar a las discográficas y renunciar a ellas. Aún así, la banda se ha mantenido en activo sin dejar de girar y de componer nuevas canciones, cuya información y letras comparten con sus fans a través de su página web. ¿Por qué trabajan así? llevan años dando la misma respuesta: «No tenemos planes inmediatos para grabar o lanzar. Porque no tenemos que hacerlo».

Su puesta en escena tampoco tiene espacio para las sorpresas. La niebla carbónica ha desaparecido y ahora juegan con luces y sombras en las que Eldritch sabe camuflarse de un modo casi teatral, dando protagonismo a sus dos guitarristas, el viejo conocido Ben Christo y su nuevo y activo fichaje a la guitarra rítmica y coros, el australiano Dylan Smith. Junto a ellos, Ravey Davey acompaña y programa al Doktor Avalanche, que escupe bases y bajos pregrabados.
Por lo que nos contaron, en Madrid tuvimos suerte ya que el concierto de Barcelona fue un verdadero caos por el que hasta su promotora ha tenido que pedir disculpas. En la capital empezaron a tiempo, arrancando con la nueva y enérgica «Don’t drive on ice», tras la que recordaron «Ribbons», una de las piezas del que fue su último trabajo. El sonido fue ganando según avanzó el concierto, así como la conexión con el público. Fue desempolvar una reliquia como «Alice» y todo empezó a tomar otro aire.
El punteo de la también nueva «But Genevieve» nos trajo a la mente una «First And Last And Always» que por desgracia no escuchamos, aunque sí sonó «Marian», única concesión a su debut. De los inéditos, decir que hay un poco de todo. Algunos funcionan y suenan realmente bien y hay otros que bordean el metal chungo que ya tal. Es lo que tiene asistir al concierto de un grupo al que conoces, pero no la mitad del setlist.

Tras una pieza instrumental anecdótica rescataron la versión corta de «Giving Ground», uno de los temas del disco Gift (1986) de The Sisterhood, donde se encontraban algunas composiciones para un supuesto segundo disco de The Sisters Of Mercy. Volvimos a Vision Thing con la muy coreada «More» y la casi acústica «I Was Wrong» y tuvimos que esperar a los dos bises para visitar el mítico Floodland (1987), primero con la densa «Flood II» y posteriormente con la celebrada «Lucretia My Reflection». Se despidieron con otras dos citas obligadas, una «Temple of Love» sin demasiada fuerza y la épica de «This Corrosion», que cerró un concierto correcto, aunque distinto a lo que muchos esperábamos. Es lo que tienen las leyendas.
Fotos The Sisters Of Mercy: Manuel Pinazo


















