Se acercaba la hora para el segundo concierto de Pet Shop Boys en su escala por la capital alemana. Una cola de fans esperaba en la entrada del coqueto Huxleys Neue Welt situado en el distrito berlinés de Neukölln. De una edad que oscilaba entre los treinta y cincuenta y tantos, muchos fans venían de diferentes países, y es que los seguidores del dúo británico sabían que eran unos conciertos muy especiales, y sobre todo, muy deseados. En la fila de espera algunos comentaban qué camiseta o sudadera se iban a comprar en el stand de merchandising, aludían al repertorio que tocaron en Londres -cinco conciertos con alguna variación de temas que ofrecieron en abril-, y participaban en disertaciones utilizando ese código común y universal que es el de ser fan. Que tu banda favorita decida sacar del armario sus “otros” grandes hits que no llegaron a ser sencillos oficiales, y además hacerlo en un formato más reducido que permite una interacción entre el artista y el fan mucho menos jerárquica, es algo que se pueden permitir solo unos pocos.
Es un secreto a voces entre los seguidores que los londinenses han ido sacando canciones excelentes a lo largo de su ya dilatada carrera y que, por razones que se nos escapa, han ido a para en recopilatorios de caras b, o formando parte de álbumes pero sin tener espacio en sus setlist oficiales. También es de dominio público que la relación entre PSB y Berlín es especial: de la cultura de club y sus ramificaciones artísticas y estéticas, a relaciones sentimentales y viviendas en la capital alemana, e incluso pensaron en titular London/Berlín lo que, al final, acabaría titulándose Disco 3 (2003) por la insistencia de Wolfgang Tillmans, colaborador de la pareja.

Alrededor de las 20:30, y mientras se iban disipando los últimos compases del “Don’t Leave Me This Way” en la versión de Harold Melvin & the Blue Notes, se apagaron las luces, y los reflejos ondulantes de las bolas de espejos en la sala dieron la bienvenida a Neil Tennant y Chris Lowe. El primero con su elegancia habitual, esta vez luciendo lo que parecía una gabardina larga de color blanco, y Chris con su inseparable gorra, su bomber, y ese rictus de seriedad eterna para salir bien en las fotos. La canción elegida para arrancar este Obskur fue “God Willing”, un tema instrumental incluído en Fundamental. Un aperitivo para enlazar con la majestuosa “The Theater”, una canción en el que Neil y Chris abordan -a partir de un comentario clasista del diputado conservador encargado de la cartera de vivienda y planificación social, Sir George Young, en el gobierno de John Major– el tema del colapso del capitalismo en la sociedad moderna y sus consecuencias. Sonó brillante, con un Tennant que parece que conserva sus cuerdas vocales en formol.
De los Pet Shop Boys más primigenios no podían faltar “Two Divided By Zero” del primer albúm de ellos -inspirado en una calculadora y en los recuerdos del cantante de su Newcastle natal-, una toma muy emocionante de la maestra “Jack The Lad -con referencias a Lawrence de Arabia u Oscar Wilde– para enhebrar una letra de la que Neil ha comentado que sus versos remiten a “un inconformista individualista, seguro de sí mismo y dispuesto a romper las reglas, que inevitablemente acabará teniendo un final desagradable”.

Más momentos cargados de emoción: “It hurts too much to face the truth”, cantan en la maravillosa “To Face the Truth”, en una narrativa sobre el desamor, y que según cuenta Tennant en One Hundred Lyrics and A Poem estuvo inspirada en la frase “You are the only one” de la película Midnight Cowboy. Más impetuosos se mostraron en “One In A Million” incluida en la obra maestra Very que enlazaron con “Mr. Vain” de Culture Beat, e invitaron a unirse a la velada a Joel Gibb de The Hidden Cameras en la preciosa toma de “In His Imagination”, una de los mejores logros de Elysium.

En los bises tocaron cuatro temas impecables y de alto voltaje emocional: “Your Funny Uncle” con Neil solo a los teclados, The Way It Used to Be” -tema que hubieran querido que cantara Tina Turner– incluida en el Yes y con producción de Xenomania en el original, “Later Tonight”, una conmovedora canción en la que se ponen en la mente de un joven que desea al delegado de clase en un ambiente de latente sexualidad homoerótica, y para el final estrenaron, “I Dream Of A Better Tomorrow”, en donde sacan músculo, de nuevo, a su facilidad a crear estribillos para el recuerdo. Nos fuimos con la sensación de que están en uno de sus momentos más dulces.
Fotos: Bowlofsound

















