Conciertazo de U2 el de su primera noche en Madrid ante un Wizink Center lleno. Desde el inicio con una potentísima “The blackout” hasta el intimista final al son de “13 (There is a light)”, el cuarteto dejó claro que su imponente show de alta tecnología era un recurso para desarrollar un guión musical perfectamente medido en el que la banda y la audiencia son los verdaderos protagonistas. Y es que esta actual gira de U2 es importante en muchos sentidos. Por un lado, hacía tiempo que no entregaban discos tan buenos como Songs of Experience y Songs of innocence -trabajos hermanados aunque no necesariamente hermanos (¿se entiende?)- y por otro, se trata de su tour más valiente desde los tiempos del ZooTV. No solo suenan muchas canciones de sus dos últimos discos -concretamente un total de nueve sumando ambos-, sino que la banda ha decidido prescindir de los hit singles pertenecientes a The Joshua Tree. Ni “Where the streets have no name”, ni “With or without you”, ni “Still haven’t found what I’m looking for” suenan . Y no es una tontería, esas son las canciones que hacen que mucho público casual se acerque a un concierto de U2, son los caramelos para atraer al público masivo que ayuda a llenar arenas o estadios. Así que sí, el cuarteto se la ha jugado y han roto con la previsibilidad, creando un espectáculo muy definido conceptualmente. Obviamente, a lo largo del concierto suenan hits de todas las épocas, pero sin duda la banda se la ha jugado dejando fuera esas tres, conscientes de que ya dedicaron hace muy poco un tour conmemorativo a The Joshua Tree y quizá también por el gusto de no sentirse esclavos de su pasado, cadenas que siempre han sabido romper.
Es verdad que a veces las bandas y artistas de música popular se pueden pasar de intensos, pero es gracias a esa intensidad suya que dan con espectáculos como el de este Experience + Innocence tour, que es tanto una experiencia visual como un concierto de rock and roll puro y duro. Dos escenarios atraviesan la pista unidos por una pasarela-pantalla y U2 aprovechan cada milímetro para explorar la presentación de sus canciones. Todo estuvo en su sitio: El repertorio, el público y el grupo, con unos miembros que siguen entregándose a fondo. Larry Mullen y Adam Clayton con su factor cool intacto y Bono y The Edge comandando el espectáculo. El guitarrista saca de su guitarra, pedalera y manos esos sonidos que han hecho de él un instrumentista único, el cantante volviendo a estar blindado por un carisma que ha vuelto a recuperar y una voz estupenda. Sorprendió mucho cómo hizo sonar el cuarteto todas las canciones, con muchísimo músculo. Y ese fue el cemento que empastó con naturalidad las canciones nuevas y viejas, haciendo que, por ejemplo, “Red flag day” no sufriera entre “I will follow” y “Beautiful day”. El empalme entre “The ocean” y “Iris (Hold me close)” fue acojonantemente dramático, tanto que incluso Bono se río de sí mismo. En la ejecución de los clásicos hubo bastantes novedades para los oídos más atentos. “Sunday bloody Sunday” se tocó eléctrica pero muy desnuda, con Larry en plan tamborilero con la caja colgada, en “Vertigo” Bono cambió la melodía de todas las estrofas, “Even better than the real thing” es ahora un híbrido entre la versión original y el Fish out of water remix y “New year’s day” es reestructurada y acortada de forma muy convincente. Incluso las canciones nuevas sufrieron modificaciones (“Summer of love” la tocan solos Bono y Edge y “You’re the best thing about me” es ahora acústica), pero así son los mejores U2, una unidad de reinvención continua.
Uno de los detalles más bonitos fueron los dos homenajes a Bowie, con el músico apareciendo en las pantallas durante una “Cedarwood road” que gana mucho en vivo y con Bono cantando el estribillo de “Rebel rebel” durante el final de “Vertigo”, aunque la mayoría del público seguramente no se enteró de nada, como tampoco hicieron cuando sonó “Acrobat”, pieza perdida de Achtung baby (1991) y recuperada para esta gira después veintisiete años con todo el drama de la original y mayor acidez. Muy dura y muy buena.
Todo el show está atado para que el ritmo no decaiga y tenga sentido, siempre hay un as debajo de la manga, como el retorno de McPhisto o el despliegue táctico durante “Pride”, con cada miembro del grupo en un flanco distinto de la pista, incluyendo a Edge y Adam en plataformas opuestas a ras del público. Hubo también mensajes políticos que por lo bien seleccionados, más que políticos eran de sentido común. No sé, quizá U2 le curó a alguien el racismo, la homofobia o la misoginia. Ojalá. Pero solamente con la música ya fue suficiente para recargar el alma. Es muy emocionante verles en directo presentando un disco a la altura de su leyenda como ha sido Songs of Experience y os aseguro que nadie echó de menos “With or without you”.
Foto: Danny North (U2.com)


















