Existían una serie de factores previos a la publicación del nuevo trabajo de Foo Fighters que, personalmente, me generaban una buena dosis de curiosidad con respecto a lo que podía encontrarme en Your Favorite Toy (26).
El primero de ellos, cuál iba a ser el camino a seguir por la banda tras la triste desaparición de Taylor Hawkins a tres años vista de la publicación de But here we are (23), atípico trabajo de los Foo marcado enormemente por el homenaje al baterista tristemente fallecido.
El segundo, el impacto del reciente escándalo en el seno familiar de Dave Grohl, con el reconocimiento de una paternidad extramatrimonial fruto de una infidelidad que atacaba directamente a la imagen y a la popularidad de la banda.
Y, por último, la tremenda curiosidad que me producía la entrada en Foo Fighters a la batería de una bestia parda del calado de Ilan Rubin (ex Nine Inch Nails), sustituyendo al también fantástico Josh Freese, que tan sólo acompañó a los de Seattle durante la gira presentación del que hasta ahora había sido último disco, provocando un casual intercambio de bateristas al volver éste al seno de NIN.
Toda esta amalgama de acontecimientos había dado sus primeras pistas con una incendiaria gira en pequeños clubs por Estados Unidos donde el combo recuperaba los temas más desquiciados, enérgicos y emocionantes contenidos en su sagradísimo debut homónimo, Foo Fighters (95), conocido por cualquier fan que se precie como “el disco de la pistola”.
Debo reconocer que visualizar los fabulosos directos a los que hago referencia me había puesto muy excitado de cara a la publicación de su nuevo trabajo, unido a esa pérdida de foco mediático y de la imagen de típico grupito de chicos buenos majetes (la sonrisa y el compadreo con Taylor siempre pensé que había hecho perder músculo al conjunto).
Y la pregunta del millón, ¡Qué nos encontramos en Your Favorite Toy (26)? Definitivamente, un disco de perfil bajo que cuenta con una estética y un sonido pretendidamente feos e incómodos, con una mezcla realmente deleznable a la altura, por ejemplo, de la del Dark Matter(24) de Pearl Jam, pero que, sin embargo, deja entrever un posicionamiento nervioso, desenfadado y arisco, del todo agradecido para una banda del todo ahogada en los últimos tiempos por los clichés más asfixiantes del “arena rock”.
Bien se podrían citar pros, como el extraordinario estado vocal del ex Nirvana (el grito de Dave está profundamente infravalorado en la escena alternativa), pero también contras, como que el conjunto de temas adolece de cierta homogeneidad que no permite encontrar con facilidad asideros o canciones realmente memorables a lo largo del trayecto sonoro.
Sin embargo, sí se pueden rescatar temas furiosos, inmediatos, con alma punk, a medio camino de la compresión sonora de One By One (02)y el desparpajo cañero de su, reitero, inolvidable debut. De esta manera, no resulta difícil rendirse a la frontalidad sin trampa ni cartón de canciones como “Caught in the echo”, “Your favorite toy”; o auténticos escupitajos Serie Z, condenados al futuro ostracismo, benditos ellos, como “Spit shine” o “Amen, Caveman”. La faceta más emotiva de la banda se reserva para temas como “”Uncondicional” o “Child actor”, cortes que, unidos a los mencionados, podrían hacerme afirmar sin miedo que conforman un disco perfectamente capaz de convertirse en todo un grower en potencia, rematado con, quizá, la canción con más empaque del conjunto, “Asking for a friend”, algo fuera de ángulo con respecto al resto del conjunto y cuyas intenciones más épicas resultan fallidas a tenor de la producción anteriormente mencionada.


















