Hay veces en que las expectativas se dan de bruces con la realidad y por mucho que esperes lo máximo de tus ídolos, terminas decepcionado. Pixies dieron en Madrid el peor concierto que les recuerde, y han sido media docena, incluidas dos de sus giras en los 90. Sus discos nuevos están a eones luz de glorias pasadas, sí, pero siempre había una manera de encajar alguno de esos temas entre un repertorio plagado de joyas y que no se notara. Algo similar a cuando tu madre camuflaba el jarabe imbebible con zumo y no te dabas cuenta. Ayer, la fallida selección de canciones nos obligó a pegarle varios tragos a ese jarabe y además, palo seco.
Es de sobra conocido que Pixies son un grupo algo distante y poco entusiasta en el escenario, pero su incendiaria propuesta era capaz de arrasar con todo. Sonaban peligrosos. «Sonaban», sí, que no les choque que utilicemos el pasado para elogiarles, porque su presente empieza a dar serias alarmas de acomodamiento. Asistimos a un continuo toma y daca, que enlazaba nuevas composiciones algo descafeinadas con valores seguros, algo que no podemos recriminarles, pues están en su derecho de no querer convertirse en una banda para nostálgicos.
Venían a presentar Beneath the Eyre y lo cumplieron a rajatabla, pues lo tocaron casi entero. La sensación fue la de asistir a un continuo sube y baja que lo mismo nos encandilaba, que nos aburría soberanamente. Despachar de primeras «Cactus» o «Nimrod’s Son» para pasar a nimiedades como «Bird of Prey» no nos pareció una buena idea, por mucho que poco después volvieran a llamar nuestra atención con una infalible «Vamos» para lucimiento de un Joey Santiago sacando acoples imposibles hasta con la chepa.
«St. Nazaire» al comienzo o «Silver Bullet» al final, encajaron bien en el setlist, como el pop de «Catfish Kate»; pero una «Gouge Away» alargada en exceso, unas apagadas «Los Surfers Muertos» y «Havalina» o la grandiosa «Monkey Gone to Heaven» con el piloto automático, no terminaron de cuajar. Algo que sí hicieron indefectibles como la dupla «Something Against You» / «Isla de Encanta», la controlada locura de «Bone Machine», «Planet of Sound», “Crackity Jones” y “Mr. Grieves” o el rescate de su versión de Neil Young “Winterlong”. Encadenando la melancolía de la gloriosa «Where Is My Mind?» con «Hey» volvieron a cautivarnos, para arrancar poco después con una esperadísima «Debaser» que tocaron a destiempo parándola al minuto para nuestra perplejidad. Tras unos segundos de desconcierto y de cruce de palabras entre Francis y Paz Lechantin, abrieron el armario de canciones incontestables y sacaron «Gigantic», que aunque nos calló la boca a todos, nos sonó a sacrilegio. Solo la debe cantar Kim Deal.
Tras ella se despidieron y se encendieron las luces, dejando encogido de hombros a quienes abarrotaban La Riviera que esta vez sí, esperaban otra cosa.
Foto: Sebas Muriel




















