The Cure – The Cure (I Am Recordings/Universal)

Nada más y nada menos que veintiséis años hace desde que The Cure debutaran con Three Imaginary Boys (78). Tres décadas con altibajos, con los 80 como época dorada y unos 90 desapercibidos a no ser por el fantástico Wish (92) . En 2000 la banda regresó a sus raíces para entregarnos el oscuro Bloodflowers que según su líder completaba una trilogía junto a los imprescindibles Pornography (82) y Disintegration (89), obviando por misteriosas razones el Seventeen Seconds (80).

Han pasado 4 años desde entonces y tras unos gloriosos directos, rumores de disolución, un grandes éxitos, un recopilatorio de caras B y un nuevo contrato discográfico, The Cure regresan de la mano de Ross Robinson (Blink 182, Spilknot) -quien parece haberle devuelto la ilusión a Robert Smith-, para entregarnos el homónimo The Cure, sin duda un disco muy por encima de las expectativas que nos devuelve a los mejores Cure de los últimos 15 años.

Un trabajo que por lo ecléctico podría emparentarse a Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (87) o Wish (92) y en el que se recogen las mejores facetas de la banda. Ya lo dijo Smith, “si no te gusta el disco no te gustamos nosotros”. En él cabe de todo, desde el crescendo agónico del tema que lo abre (“Lost”) a la bella oscuridad que muestran en “Going Nowhere” o “Labyrinth”, esta última muy en la línea de aquel “Burn” que entregaron para la banda sonora de El Cuervo (95). Engancha el pop pluscuamperfecto de “Taking Off” (donde resuenan “Just Like Heaven”, “Mint Car” o “A Pink Dream”) o la densidad de “Anniversary” -híbrido electrónico entre Joy Division y momentos pasados como “Lament”-. Del resto podemos destacar la energía de “Before Three”, la rabia de “Us Or Them” (¿hace cuantos años que no oíamos a un Smith tan desatado?) o los diez intensos minutos de “The Promise”.

En el otro lado de la balanza se quedan las algo previsibles “The End Of The World” y “Alt.End”, que a pesar de hacerle un guiño a la guitarra de “In Your House” queda demasiado hueca, o “Never”, un despropósito propio de los peores Smashing Pumpkins que no ensombrecen en absoluto el conjunto del álbum.

The Cure es un buen disco, y de sus autores valoramos la dignidad con la que han llegado tan lejos, continuando fieles a sí mismos, disfrutando y haciéndonos disfrutar al resto. Algo que ya quisieran muchos de sus contemporáneos.

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