Lo nuevo de Chucho a través de sus canciones: Cap. 6

Próximamente llega el esperado nuevo disco de ChuchoCorazón roto y brillante (Intromúsica). El regreso de la banda de Albacete es un álbum conceptual sobre una ruptura, que nos cuenta la historia de Pere y María a través de sus doce canciones. Antes de escucharlas, conocerás lo que esconde cada una de ellas de la mano de Fernando Alfaro, quien nos irá desvelando en Muzikalia un relato dividido en capítulos, correspondientes a cada una de esas canciones.

Próximamente, más entregas.

 

PERE Y MARÍA: 06 > La feria animal

La suave levedad, la suave levedad sin dolor… Ya hemos olvidado qué es el dolor y sólo vivimos en vuestro aliento. Mi mortal ingravidez, mi mortal ingravidez… Y no me miréis así; ya sé que es por mi causa ese olor alcanforado y como a naftalina que percibís a vuestro alrededor: a alcanfor, por mi corazón roto; a naftalina, por mis muchos años dentro de un armario. Intentad abstraeros de ello y escuchad mi relato, el relato de Pere.

(O el relato de Pere y María. Eso sería lo justo y equitativo. Sólo que yo, por cercanía y por obligación, sólo puedo ver el relato de Pere.)

Hoy Pere se ha levantado malhumorado y acalorado, los ojos pequeños y arrugados de no dormir. Bufa. Se acuerda de anoche: ella está en su presente, en sus pensamientos todo el rato. En el film que se proyecta todo el día en su mente. Y en ese film, tal y como ha sido todos estos años, sale ella y sólo ella y ninguna otra mujer, siempre que hacen el amor, como fantasía, incluso cuando él ejerce el vicio solitario. El pensamiento es libre pero él prefiere esclavizarlo, esa es su perversión. Y tiene a disposición un ingente metraje, abundante material pornográfico en forma de recuerdos. El amor toma a veces formas extrañas. Tengo que dejar esta mierda —se dice, con convicción pero sin convencimiento—. Esto me está matando. Se para un rato y piensa en cosas idiotas. Los monster trucks. Soy, efectivamente, un ser patético. Soy un monstruo.

Ahora Pere nos va a contar una historia. La historia de un monstruo muy malo, tan malo que tuvieron que encerrarlo en una jaula de gruesos barrotes, una jaula con redondas y recias ruedas de madera, un carromato. Un carromato que pertenecía a un circo ambulante, la Feria Animal. Lo alimentaban con frutas y pequeños animales que iban recolectando por los campos y cazando por los bosques, de camino entre una y otra ciudad, entre las ciudades y pueblos que visitaba la feria para solaz de sus habitantes, sobre todo niños, como vosotras, pero no sólo. Era un monstruo, eso sí, sabio.

Un monstruo que, en su juventud, cuando no era aún monstruo, había leído a todos los clásicos de la literatura, de Shakespeare a Homero, de Beckett a Cervantes, de Tolstói a Denis Johnson. Y también todos los tratados que un hombre culto debe conocer, sobre medicina, matemáticas o humanidades. Cuando el mozo que le llevaba el alimento y el agua se aproximaba a su jaula, el monstruo le suplicaba lectura, le pedía que le llevara libros que llevarse a la boca, pero no halló sino burlas. Un día le llevó un panal de miel, pero infestado de abejas, para reírse de él cuando éstas asaetearan sus hocicos. El monstruo entonces, con un soplido que pareció un huracán, hoammm, se las lanzó de vuelta al zagal, que pereció ante el ataque virulento de los enojados insectos. Pereció, sí: murió. Fue un ataque masivo, o bien el cenutrio aquel tenía algún tipo de alergia. El monstruo dio buena cuenta de aquella miel, pero el sustituto del mozo no fue mejor, sino peor, en el maltrato. El maltrato animal.

Siguió así una vida de penalidades, que el desdichado y enorme animal capeaba como podía, recurriendo a su memoria, donde pugnaban por permanecer los recuerdos de todo aquello que había leído, de todo aquello que había sido. La vida es oscura a veces. Pero es la vida. Su jaula-vivienda, con ser lo que podríamos calificar como coqueta, o sea, demasiado pequeña para sus grotescas dimensiones, era sin embargo extremadamente dura e incómoda, cuando los rígidos rodamientos percutían contra las piedras de los caminos. El monstruo acumulaba su violencia. Su odio a toda la humanidad sólo se podía comparar ya con su amor por toda la humanidad, sustentado, obligado por todos esos libros que dentro de él vivían. Y los niños… ¿creéis que lo enternecían los niños? ¿Cómo? ¿Sí? ¿Sólo por el hecho de ser niños? …pues ¡no! No basta con ser un niño, hijas mías. Hay que ser una buena persona además, tener un corazón puro. El monstruo nos enseñó que las personas malas algún día fueron niños, y algún día serán ancianos; no todos los ancianos, por muy enternecedores que os parezcan, son personas benévolas, ¿me oís?

El monstruo odiaba a los niños, niños malvados que le arrojaban piedras y todo tipo de mofas, befas y escarnios. Ni siquiera llegaron nunca a lanzarle cacahuetes, malditos ellos… Pero un buen día, una mañana de agosto con su cálida luz apiadándose de todas las criaturas sin excepción, sobre el verde de la campiña donde el circo acampaba, observó los gráciles pasos de una muchacha de pelo ondulado teñido de azul, que se aproximaba a su sórdido habitáculo enrejado. La doncella reparó en él y en su lastimosa condición. Se acercó con cautela, y a él se le deshizo en lágrimas el corazón. La chica, de grandes ojos morenos, entonces le habló:

—Pero cómo te tienen así estos hijos de puta. Esto no puede ser. Voy a llamar ahora mismo a la asociación —se dio media vuelta con su interfono celular pegado a la oreja. Habló palabras que nuestro monstruo no pudo inteligir.

Y se marchó.

Al día siguiente, de buena mañana, la chica regresó, esta vez acompañada de un hombre joven aunque no demasiado. Llevaba un pendiente como de brillante en el lóbulo de una de sus dos orejas. Era bien parecido. Monstruo desconfió. El hombre habló:

—Dile a nuestra supervisora de campo, ella ya sabrá, se lo conté anoche, que efectivamente tenemos aquí un caso agudo de maltrato sin precedentes. Y que vuelva a reservar en el mismo sitio que ella ya sabe, por favor, querida.

Monstruo odia. Monstruo ama. Monstruo quiere libertad; libertad y comida.

Esa misma noche, la chica, ya por fin sola, vino. Vino a liberar al monstruo. A liberar al monstruo por amor. Amor animal. Monstruo es un monstruo intelectual, eso ya lo sabemos, lo podemos colegir: pero es un monstruo, al cabo. Y se deja llevar por su amor animal, se deja llevar y llevar cuando ella le acaricia las sienes, se vuelve loco de placer, ella penetra en la jaula, de alguna manera averiguó la combinación, con intención de liberarlo. Y lo libera al fin, porque monstruo deja salir, deja sangrar todo el desgarro, el hambre atroz, el amor animal que alberga hasta los tuétanos. Quiere a la chica, la quiere, quiere hacerla suya dentro de sí, quiere algo místico, la unificación. La devora.

¿Qué enseñanza, qué moraleja podemos extraer de este cuento? Ninguna, absolutamente ninguna.

María se ha levantado a trompicones de la cama, descalza. La ha despertado un pico de volumen del platicar oscuro al otro lado de la habitación. Abre la puerta y en el salón, en mitad de la ardua noche, con la sola luz que proyecta la tele silenciosa, está sentado Pere en el sofá, sin camiseta, explicando no sé qué a dos supuestas criaturas, a dos niñitas que María ha creído ver, y ahora ya no están.

 

 

 

 

LA FERIA ANIMAL

Ayer te vi llegar, no fue casualidad,
te estaba vigilando en la feria animal,
la feria animal.

Mi jaula huele a miel, sentir sentimental,
y es que la vida es cruel, la feria animal,
la feria animal.

Me fuiste a acariciar, me fuiste a liberar,
vienes a rebosar de amor animal.

Y no lo pude evitar, lo siento de verdad,
vamos a hacernos uno en la feria animal.

El zeitgeist es un bozal que no me puede amarrar,
la corrección política, feria animal,
feria animal.

El zeitgeist es un bozal, y no es cuestión de moral
sino de supremacía en la feria animal,
la feria animal.

Te quiero de verdad, y yo no puedo actuar
contra mi naturaleza en la feria animal.

Te debo devorar, mi amor es de verdad,
vamos a hacernos uno en la feria animal.

Texto: Fernando Alfaro

Ilustración: Erika Seven

 

«Los personajes y hechos retratados en este relato son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia»

 

 

 

Consulta aquí la historia de Pere y María en la que se inspira el nuevo disco de Chucho:

1 > Corazón roto y brillante

2 > Sombra lunar

3 > La ambulancia y el dolor

4 > Yoga love

5 > La carretera de la costa

6 > La feria animal

7 > Hoamm

8 > Vals del trueno

9 > Espalda brillante

10 > Agente Sebso

11 > Agujetas

12 > Otra ciudad

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